Perderse en la lluvia

Perderse en la lluvia

domingo, 17 de octubre de 2010

Nos conocemos bastante ya.

Está practicamente de noche. Es tan temprano que a quien se lo contara me juraría que a las horas a las que me levanto todavía no han puesto ni las calles. Probablemente. Es otro día más de la rutina; hoy la parada del autobús está completamente vacía. Bueno no, acaba de llegar el chico de todas las mañanas. Él con su abrigo negro y su mochila, y como no olvidarlo su música que podría escucharse a tres o cuatro metros de distancia. Odio ese tipo de música, es escexivamente pegajosa. Se cruzan un par de miradas, algo usual como cualquiera de los días. Siempre está ahi, ni más cerca ni más lejos. Si le ves no es alguien que te llamase la atención, un chico de unos diecisietes años bien cumplidos con una cara de sueño tremenda dispuesto a ir a clase.
Lunes. Martes. Miércoles. Jueves y viernes. Todos los días de la aburrida rutina.
A pesar de eso apenas le conozco, he cruzado alguna que otra palabra, más bien la cosa era a base de miradas. Y ahora está justo en frente mía, el ipod no deja de sonar y yo tengo unas ganas horribles de sentarme. Acabo de ver un buen sitio.
- Perdona, ¿está libre?

Y ahora es el momento en el que le toca contarme algo, problablemente nada fuera de lo común, o quizás de un paso más. Un paso que alguien como tú anda buscando.

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