Perderse en la lluvia
domingo, 11 de diciembre de 2011
Y para que nada nos separe, que nada nos una.
Jugamos a un juego visible a ojos de cualquiera, pero del que nadie sabe las reglas. Ninguno conoce en qué consiste, cómo se gana y cómo te puedes declarar perdedor. Juego envidiado por alguno que otro, un juego peligroso pero a la vez tentador. Un juego con el que no llegas a nada, ni tampoco parece que lo pierdes. Aún sabiendo que no se debe jugar, las ganas pueden, él se arriesga, miente, y mueve la ficha justa para incitar al otro jugador a pensar jugada, o mejor aún, a llevarla a cabo. Y ella juega, avisada por tanto de que en los juegos existe la posibilidad de perder a pesar de que parezca improbable, que a cuanto más conocimiento mayor es la debilidad. Un juego que parece ser que no crea nada, y en cambio, destruye mucho más allá de lo apreciable. Pero es así, nadie habla, no existe comunicación alguna fuera del maldito círculo vicioso que se crea. Como todo, se acaba. No se sabe cuándo ni cómo acabará pero al levantar las cartas, la sinceridad es reflejada en cada uno de los números que estas contengan. Distintos intereses, distintos puntos de vista y distintas metas. Porque claro, perseguir un objetivo no significa conseguirlo.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Hay veces, que de donde no hay no se puede sacar.
“Tengo una tía que cuando te sirve cualquier cosa te dice "dime cuando"; mi tía decía dime cuando... y nosotros no lo decíamos; no decíamos cuando por que siempre existe la posibilidad de que haya más, más tequila, más amor... más de lo que sea... más es mejor.
Hay mucho que decir sobre el vaso medio lleno, sobre saber decir cuando, creo que es una línea borrosa un barómetro de necesidad y deseo; depende por completo del individuo y depende de lo que te estén sirviendo. A veces solo queremos probarlo, otras veces no hay suficiente... el vaso no tiene fondo y lo único que queremos es más.”
Grey’s anatomy.
Hay mucho que decir sobre el vaso medio lleno, sobre saber decir cuando, creo que es una línea borrosa un barómetro de necesidad y deseo; depende por completo del individuo y depende de lo que te estén sirviendo. A veces solo queremos probarlo, otras veces no hay suficiente... el vaso no tiene fondo y lo único que queremos es más.”
Grey’s anatomy.
jueves, 8 de diciembre de 2011
No hablo de cualquiera.
Sí, es él. Ni alto ni bajo. El chico desconocido que se sienta en la última fila de clase. Nadie habla de él pero es conocido por todos, tiene amigos, aunque no es popular. No resalta entre la multitud pero su inteligencia es valorada. Se podría decir que es el típico chico que no llama la atención, ni siquiera de la persona más curiosa. Pasa percibido por causas desconocidas. Y tú, sabes que está ahí pero pasa desapercibido hasta que deja de hacerlo. No pretende captar tu atención, en cambio tu mirada le sigue. Detallista y atento. Le tomas por "friki". A la vez, misterioso e interesante.
Un chico del cual no te habrías fijado si no hubiera levantado la mano para poder opinar acerca de lo que se hablaba en clase, o lo que hablaban unos cuantos. Su perfecta intervención y la visión tan sumamente amplia de la sociedad dejó atónito a más de uno. Era impresionante como ese juego de palabras con tanta delicadeza sonaban a gloria. A leguas se percibía que era especial, distinguido del resto de chicos de su edad. Alguien con el que la confianza y la tranquilidad se servían en plato grande. Alguien encantado de ayudarte a cambiar lo que no te gusta. Alguien deseoso de ser tu compañero, sin traiciones ni beneficios. Así, tan sencillo y natural. Él.
martes, 6 de diciembre de 2011
Tranquilo, lo de echar de menos es recíproco.
Te echo de menos, te necesito en cierto modo. Nadie habla de quererte, hablo de que a pesar de que te hayas comportado como un auténtico imbécil siento que sin ti estoy sola, de que no me voy a poder enfrentar a todo ese montón de cosas que construimos, como el típico castillo de playa al que dedicas tu tiempo y luego se destruye con el sencillo movimiento del mar.
Y entiendo que se acabó, de hecho es lo que verdaderamente quiero. Aún así es inevitable no recordar que eras tan sumamente tierno cuando decías que con verme bien tenías suficiente, que cuando yo estaba bien no necesitabas más para estarlo tú también.
Acepto que me reí de tus sensiblerias, y que escondí todo lo que debería haber dicho.
Ahora me ruedan lágrimas por el suelo cuando dejas que oiga decir que estás contento dando abrazos a otra, que los besos siguen siendo especiales, que tanto te da igual lo que hablen a tus espaldas y que te arrepientes de ese pasado... Ahí, todo se hiela. No queda nada.
Tú has acabado con ese capítulo y yo, aquí, termino con el mío. Quizás ahora me dé por correr lejos, sé que lo notarás por muchas puertas, capítulos, libros o incluso kilómetros que pongas de por medio.
Y entiendo que se acabó, de hecho es lo que verdaderamente quiero. Aún así es inevitable no recordar que eras tan sumamente tierno cuando decías que con verme bien tenías suficiente, que cuando yo estaba bien no necesitabas más para estarlo tú también.
Acepto que me reí de tus sensiblerias, y que escondí todo lo que debería haber dicho.
Ahora me ruedan lágrimas por el suelo cuando dejas que oiga decir que estás contento dando abrazos a otra, que los besos siguen siendo especiales, que tanto te da igual lo que hablen a tus espaldas y que te arrepientes de ese pasado... Ahí, todo se hiela. No queda nada.
Tú has acabado con ese capítulo y yo, aquí, termino con el mío. Quizás ahora me dé por correr lejos, sé que lo notarás por muchas puertas, capítulos, libros o incluso kilómetros que pongas de por medio.
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