Perderse en la lluvia
jueves, 9 de septiembre de 2010
Lágrimas y desconfianza, mala mezcla.
Lloro. Ya he perdido la cuenta de cuáles son los motivos, esas pequeñas cosas que acaban formando un obstáculo que me quita hasta las ganas de respirar. Y si, ese camino de lagrimas me persigue, lleva unos cuantos días ya conmigo, cada vez que me encuentro sola en mi querida habitación morada. No creo que sea por algo que no haya conseguido, no lo considero causa suficiente para sentirme así. Esa barrera de impermeabilidad ha cedido, posiblemente haya sido un pequeño agujero, provocado por algo punzante, si, lo noto perfectamente. El problema es encontrar aguja y hilo para coser de nuevo, o valentía y fuerza para tomar la decisión de seguir hacia delante sin esa barrera. Aún no lo sé, aunque está claro que nada de lo que necesito en este momento está a mi alcance pero, sobretodo, la confianza.
martes, 7 de septiembre de 2010
Cartas.
Mes de septiembre. Cómo los últimos días te despiertas y intentas aprovechar el máximo tiempo entre las sábanas, haces una pequeña planificación del día, una lista de las miles de cosas que tienes que hacer aunque sabes perfectamente que no harás ni siquiera la mitad, pero como cada mañana decides proponértelo, ¿por qué hoy no?
Es hora de levantarse, coges un buen cuenco con cereales, el zumo y la leche. Enciendes la tele, para que una vez más, todo ese grupo de periodistas te recuerdes la preciosa "vuelta al cole". La apagas para evitar pensarlo más. Vuelves a la habitación, y ves, que como siempre está completamente desordenada, decides poner un poco de orden, es una ligera impresión de que a la vez que ordenas unos cuantos metros cuadrados estás también ordenando capítulos de tu vida, épocas...
Y revuelves, ordenas, buscas, las horas pasan, y te la encuentras. De repente, de forma inevitable una sonrisa se esboza en tu cara. Decides abrir esa carta que lleva tanto tiempo metida en el cajón, en el fondo. Inconscientemente pasan por tu cabeza miles de momentos, millones de recuerdos que parecían haber desaparecido, pero no es así. Pueden haber pasado años, desde que me la dieron, y para variar, todo lo que prometía, ahora es bastante diferente a la realidad.
Es hora de levantarse, coges un buen cuenco con cereales, el zumo y la leche. Enciendes la tele, para que una vez más, todo ese grupo de periodistas te recuerdes la preciosa "vuelta al cole". La apagas para evitar pensarlo más. Vuelves a la habitación, y ves, que como siempre está completamente desordenada, decides poner un poco de orden, es una ligera impresión de que a la vez que ordenas unos cuantos metros cuadrados estás también ordenando capítulos de tu vida, épocas...
Y revuelves, ordenas, buscas, las horas pasan, y te la encuentras. De repente, de forma inevitable una sonrisa se esboza en tu cara. Decides abrir esa carta que lleva tanto tiempo metida en el cajón, en el fondo. Inconscientemente pasan por tu cabeza miles de momentos, millones de recuerdos que parecían haber desaparecido, pero no es así. Pueden haber pasado años, desde que me la dieron, y para variar, todo lo que prometía, ahora es bastante diferente a la realidad.
domingo, 5 de septiembre de 2010
Tu amor, su amor..
¿Decido sentir? ¿Ahora, decido mantenerme al margen de cualquier tipo de sentimiento?
Estar fuera del resto del mundo, querer llegar a luchar por algo, realmente una motivación fuerte, que no te quite las ganas de comerte el mundo a pesar de que las consecuencias llegaran a ser catastróficas. Conocer que antepondrías sus intereses a los tuyos, que una mínima petición de ayuda te hace dejarlo todo. Al hablar, sólo le podían acompañar un sendero de lágrimas a sus palabras, aquellas que llegaban al corazón de cualquier persona que estuviera a menos de un kilómetro. Era ese rostro triste destrozado por un increible sentimiento de amor. Al fin y al cabo, esto también entra dentro de "enamorarse".
Estar fuera del resto del mundo, querer llegar a luchar por algo, realmente una motivación fuerte, que no te quite las ganas de comerte el mundo a pesar de que las consecuencias llegaran a ser catastróficas. Conocer que antepondrías sus intereses a los tuyos, que una mínima petición de ayuda te hace dejarlo todo. Al hablar, sólo le podían acompañar un sendero de lágrimas a sus palabras, aquellas que llegaban al corazón de cualquier persona que estuviera a menos de un kilómetro. Era ese rostro triste destrozado por un increible sentimiento de amor. Al fin y al cabo, esto también entra dentro de "enamorarse".
viernes, 3 de septiembre de 2010
Desconocido a la vista.
Ella entendía que los días se quedaban atrás, que cada segundo que hubiera pasado con el era un lejano y oscuro recuerdo, el cual finalmente dejaría de existir. Era puro y simple odio porque lo único que se planteaba era seguir viviendo en esos tiempos cuando conocía perfectamente que no le vendría bien de ninguna manera. Entonces, apareció él de la nada, con el grado de madurez un poco superior al de ella. La dedicó siete minutos exactos y se limito a decirle unas pocas palabras juntas, que quizás le ayudaran a encontrar una solución a todo ese cúmulo de decisiones y consecuencias. Sonaron lo suficientemente claras, "Sólo hay una cosa que si que te voy a decir, algo que te aseguro que es verdad, mentalízate de lo peor que pueda pasar, de que no vuelvas a ver su cara o de lo que sea, y trata de relativizarlo.
Es la única forma de vencer el miedo a la metedura de pata; si sigues con miedo como hasta ahora, al final acabará igual de mal que si te equivocas".
Es la única forma de vencer el miedo a la metedura de pata; si sigues con miedo como hasta ahora, al final acabará igual de mal que si te equivocas".
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